Estamos expuestos a una cantidad inmanejable de ruido. La mayoría de los mensajes a los que nos enfrentamos están diseñados para impactar y recibir atención; muchos de ellos son directamente falsos, fabricados con el objetivo de manipular la opinión pública. También consumimos mensajes que son compartidos con la noble intención de divulgar, a menudo guardan coherencia externa generando una gran verosimilitud, el problema es que un aspecto coherente no garantiza
